Twenty-Eighth Sunday in Ordinary Time (A) – 10.15.23

Oct 10, 2023

 

Twenty-Eighth Sunday in Ordinary Time • October 15, 2023

“At the table, none go hungry,
none must steal or beg for bread;
all receive from God’s abundance:
at the table, all are fed.”

At the Table, All Are Equal, David Bjorlin

Tables abound in today’s readings. God is pictured as the host of a feast, and we might see
ourselves in a variety of roles—guests at the meal, servants extending the invitation, or those
waiting to see if we might deserve a place. Perhaps we may even see ourselves as the ones castoutside; or, like the “foes” in Psalm 23, might we be the ones who have to sit and watch while those presumed to be “righteous” feast in our presence? David Bjorlin’s hymn brings to mind the classic story of Jean Valjean in Victor Hugo’s Les Miserables. Valjean serves an exorbitant prison sentence for stealing a loaf of bread to feedmembers of his family. Whomever we are at God’s feast, one thing is clear—there is enough for all of us to share and receive. When we are hungry, God is ready, waiting to serve us a feast. May we as the church recognize this as a moral obligation: when we are privileged to serve as hosts at God’s table, we must ensure that all who hunger can be fed, both spiritually and physically.

-Adam M.L. Tice

 

Vigésimo Octavo Domingo del Tiempo Ordinario • 15 de octubre de 2023

“En la mesa, nadie pasa hambre,
nadie tiene que robar o mendigar el pan;
todos reciben de la abundancia de Dios:
en la mesa, todos son alimentados.”

At the Table, All Are Equal, David Bjorlin

En las lecturas de hoy abundan las mesas. A Dios se le representa como el anfitrión de un banquete, y nosotros podemos vernos en diversos roles: como los invitados a la comida, sirvientes que salen a invitar, o aquellos que esperan para ver si merecemos un lugar. Tal vez incluso nos veamos a nosotros mismos como los expulsados; o, como los “enemigos” del Salmo 23, ¿podríamos ser nosotros los que tenemos que sentarnos y mirar mientras los presuntos “justos” festejan en nuestra presencia? El himno de David Bjorlin nos recuerda la clásica historia de Jean Valjean en Los Miserables de Víctor Hugo. Valjean cumple una exorbitante pena de prisión por robar una hogaza de pan para alimentar a los miembros de su familia. En el banquete de Dios podemos ser cualquiera, una cosa está clara: hay suficiente para que todos compartamos y recibamos. Cuando tenemos hambre, Dios está listo, esperando servirnos un banquete. Que nosotros, como Iglesia, podamos reconocer como obligación moral: cuando tenemos el privilegio de servir como anfitriones en la mesa de Dios, debemos asegurarnos de que todos los hambrientos puedan alimentarse, tanto espiritual como físicamente.

 

–Adam M.L. Tice